Al parecer el sufrimiento nunca es suficiente. Cada vez que logro cierta estabilidad, cierta felicidad, algo ocurre que termina con la magia, que desgarra la ilusión, que me hace recordar que vivo en un puto mundo con gente de malas intenciones. Que me hace recordar que no importa lo que hagas ni la intención con que sea: siempre para alguien será malo. No se le puede dar en el gusto a todos, dicen...
No queda más que decidir donde están tus lealtades y afectos, y actuar en armonía con estos. Siempre habrá alguien perjudicado. Siempre.
¿Fatalista? No, realista.
Esta vez la situación va más allá de algo que se pueda controlar, y el "nunca quedas mal con nadie" debe irse a la punta del cerro. Si siguiera ese camino, sólo la autoeliminación subsanaría todo. Pero no es algo que piense hacer, al menos ahora.
Porque la felicidad había llegado nuevamente a mi vida. Porque me sentía bien. Porque había tomado decisiones importantes con las cuales me sentía cómodo. ¿Y de qué sirve todo? Por la cresta, siempre hay problemas, dramas, y ya no los aguanto más.
Me cansé de hacer mal tratando de hacer bien, me cansé de dañar... me cansé de ser el villano en el juego donde intento ser el héroe. Tal vez sí sea el villano. Y al final de la historia el villano siempre pierde. O muere.
¿Cómo componer todo? Si a cada minuto se abren nuevas aristas, el problema se expande como una mancha de petróleo en el mar, involucrando a más personas, conocidas o desconocidas, queridas o no. Tal vez ya nada tenga solución y deba resignarme a vivir en un mundo donde la felicidad no exista para mí.
Dejaré de escribir. Un pasaje directo a la Conchesumadre me espera y el bus sale a las 4. Allí pasaré el peor cumpleaños de mi vida. Y no sé si regrese.
No queda más que decidir donde están tus lealtades y afectos, y actuar en armonía con estos. Siempre habrá alguien perjudicado. Siempre.
¿Fatalista? No, realista.
Esta vez la situación va más allá de algo que se pueda controlar, y el "nunca quedas mal con nadie" debe irse a la punta del cerro. Si siguiera ese camino, sólo la autoeliminación subsanaría todo. Pero no es algo que piense hacer, al menos ahora.
Porque la felicidad había llegado nuevamente a mi vida. Porque me sentía bien. Porque había tomado decisiones importantes con las cuales me sentía cómodo. ¿Y de qué sirve todo? Por la cresta, siempre hay problemas, dramas, y ya no los aguanto más.
Me cansé de hacer mal tratando de hacer bien, me cansé de dañar... me cansé de ser el villano en el juego donde intento ser el héroe. Tal vez sí sea el villano. Y al final de la historia el villano siempre pierde. O muere.
¿Cómo componer todo? Si a cada minuto se abren nuevas aristas, el problema se expande como una mancha de petróleo en el mar, involucrando a más personas, conocidas o desconocidas, queridas o no. Tal vez ya nada tenga solución y deba resignarme a vivir en un mundo donde la felicidad no exista para mí.
Dejaré de escribir. Un pasaje directo a la Conchesumadre me espera y el bus sale a las 4. Allí pasaré el peor cumpleaños de mi vida. Y no sé si regrese.



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